(Cy Twombly, Scent of Madness, 1986)
A veces hace falta tomar una decisión
que atraviese la corteza acumulada,
que subleve el descuido amontonado
bajo la piel.
En ese momento
todo lo que eres te mira
como a un extraño
te obliga
a ser capaz
de conseguir que las farolas vomiten verdades contra los coches.
Es curioso, pero siempre que llega
no hay salida solo salto
y hace falta patearse hasta la muerte
muchas veces, incontables como la marea,
para seguir adelante
sabiendo
lo que dejamos atrás.
Piensa lo que fuiste,
piensa,
sacúdete el óxido del pecho
y alberga
que aquello que quieres
puede ser cargado en silencio.
Destrona. Descansa.
Dentro de tí habita un suelo
donde apoyar las manos
mientras caes.
Ese suelo,
a veces rugoso, pica,
contiene y empuja
en forma de espiral luminiscente
todas tus trabas, tus tretas y tus
torbellinos. Y ahí estas
para inundarlos
de una heroica placidez.

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